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PROTOCOLO. ACTOS Y CEREMONIAS OFICIALES PDF Imprimir E-mail

El rey de Aragón, Pedro IV (1319-1387), recibe el sobrenombre de el Ceremonioso por su empeño en mantener, durante su reinado, las normas de protocolo en ceremonias y recepciones, normas que ordenó fijar por escrito, en 1353, en el Libro de las Ordenaciones de la Casa de Aragón.

Como es sabido, el protocolo se ocupa de disponer, por parte de profesionales especializados en esta materia, el orden de colocación y saludo así como de vigilar el debido comportamiento de los asistentes a audiencias en la Casa Real, al Desfile de celebración del Día de las Fuerzas Armadas, a recepciones, cenas, etc., en presidencia de Gobierno, entrega de despachos a nuevos oficiales del Ejército, visita del Rey o de un ministro a una Comunidad Autónoma, etc. Son múltiples los actos de esta índole de los que contemplamos imágenes en televisión, imágenes en las que no vemos que previamente a cada invitado se le ha indicado dónde se tiene que colocar y qué tiene que hacer. De la complejidad del protocolo oficial, aquí no podemos sino dar algunas pinceladas.

Existen diversas maneras de organización de estos actos oficiales, pero todas ellas comienzan por fijar quién es la figura clave: el anfitrión. Éste va a ser quien presida el acto u ocupe un lugar inmediato al que preside. Se va a encargar (más bien su jefe de protocolo) de organizar el acto, convocar y recibir a sus invitados, además de determinar el protocolo de éstos según el carácter del evento. La plaza de segundo anfitrión será ocupado por su esposa o esposo. En caso de que el anfitrión ceda la presidencia, aquel se colocará a la derecha del que preside.

Al caminar, también se deberán seguir unas pautas. Si son dos personas, la de mayor jerarquía siempre se situará a la derecha y, si son tres personas, la de mayor rango se colocará en el centro, a su derecha, la segunda que le sigue en jerarquía y, a la izquierda, la siguiente en importancia.

En una recepción, el puesto de honor debe reservarse para el anfitrión y sus invitados especiales que se colocarán frente al resto de invitados y en un lugar estratégico, claramente visible. Debe cuidarse minuciosamente la decoración: banderas, mesas nobles y sin decoración floral. Las sillas deben ser acordes con la decoración y con un respaldo no muy alto. Todas deben de ser iguales, excepto las destinadas a los miembros de la Casa Real.

A la hora de sentarse a la mesa, en una cena, por ejemplo, existen dos sistemas de colocación de presidencias: en el francés, las presidencias se colocan en el centro de la mesa; en el inglés, se colocan en los extremos. Ambos tienen sus ventajas e inconvenientes: el francés permite una estrecha unión entre los invitados de honor y los anfitriones, pero perjudica al resto de invitados, ya que no fluye la conversación hacia los extremos de la mesa y éstos se pueden sentir más desplazados. Sin embargo, el método inglés sí permite una comunicación mucho más abierta con el resto de invitados, disimula las categorías, pero no permite al anfitrión poder hablar con su invitado de honor. Preferentemente, las mesas rectangulares son más utilizadas pues permiten la definición de las presidencias que acabamos de comentar; las mesas redondas se utilizan en comidas y banquetes con pocos invitados.

El uso de la bandera nacional también tiene su criterio. Se colocará a la derecha del palco o estrado principal y, en caso de tener que colocar banderas de otros países, de autonomías, ayuntamientos, etc., la bandera nacional se colocará en el centro y el resto alternará las posiciones de mayor a menor importancia y según si son pares o impares.

Leticia Pinilla Lóbez

 

Alumna del Grado de Publicidad y Relaciones Públicas de la Universidad San Jorge

 
PROTOCOLO SOCIAL. NORMAS DE CONVIVENCIA QUE NO DEBEMOS OLVIDAR PDF Imprimir E-mail

 

Todos hemos organizado alguna vez una cena familiar, una fiesta de cumpleaños o nuestra propia boda y hemos procurado tener todo bien atado, cuidando minuciosamente los detalles, tratando de ser el mejor anfitrión. Sin embargo, el protocolo es una rama muy ardua de las relaciones públicas que implica estar expuesto ante el público que nos observa, un trabajo que necesita esfuerzo, paciencia y, ante todo, cuidar la imagen que tratamos de transmitir ya que, si fallamos, nuestra reputación puede verse gravemente afectada. Si nuestro acto organizado tiene éxito, conseguiremos importantes beneficios con respecto a nuestra inversión e imagen, incluso lograremos ser recordados y ser tema de conversación durante un largo periodo de tiempo.

Como ya indicamos en nuestro anterior artículo, el protocolo se aplica en el ámbito público: audiencias en la Casa Real, recepciones en presidencia de Gobierno, entrega de despachos a nuevos oficiales del Ejército, en firmas de convenios empresariales, en actos organizados en las distintas regiones, provincias y comunidades, etc.; pero también debe aplicarse en el ámbito privado, en nuestra vida de relación: saludar, ser puntuales, mantener una buena posición en la mesa, dar las gracias, pedir las cosas amablemente y despedirse son maneras de comportarse adecuadamente, es decir, las antiguamente llamadas reglas de urbanidad. Hoy en día, observamos cómo han cambiado las cosas y cómo se están perdiendo los buenos modales y la educación, fundamentales para vivir en armonía. Por ello, veo necesario recordar algunas normas básicas, ya que muchas veces no sabemos cómo actuar en un acontecimiento social, con directivos o con reconocidas personalidades y esto puede hacernos sentir incómodos a lo largo del acto. Estas normas son completamente diferentes para hombres y mujeres.

En primer lugar, el saludo. Entre hombres, el apretón de manos establece la primera impresión. No debe de ser demasiado fuerte ni tampoco demasiado ligero. Simplemente, un apretón de manos breve y con la energía adecuada. En el caso de los besos, se prohíbe aquellos que son excesivamente sonoros y húmedos. En cuanto a expresiones, jamás se debe decir “buen provecho” ni tampoco hacer uso de palabras malsonantes. Es fundamental cuidar nuestro vocabulario y utilizar, más de lo que se hace ahora, el usted.

A las autoridades siempre hay que tratarlas con un profundo respeto y dirigirse a ellas hablándoles de usted, sin excepciones, tengan la edad que tengan. Si no queremos parecer unos ordinarios, están totalmente prohibidas manías como el dedo meñique levantado al tomar café, masticar chicle y quitar los restos de comida entre los dientes con un palillo. Un exceso de perfume puede ser muy molesto e, incluso, puede llegar a marear a quienes nos rodean. Tampoco debemos recargarnos con muchas joyas, si no queremos parecer un árbol de Navidad.

Profundizando más en el aspecto de los buenos modales, el hombre debe dejar pasar a la mujer primero, abriéndole la puerta y sujetándola. Ser puntuales y no hacer esperar a nadie es sustancial y de vital cortesía. Sólo se consiente a la novia en su boda que se retrase un máximo de media hora.

Finalmente, en la mesa hemos de respetar un conjunto de normas básicas: las servilletas sólo se utilizarán antes y después de beber. El vino se sirve, primero, al hombre que ocupa el puesto principal en la mesa, para que lo cate. Después de su aprobación, se servirá al resto de los comensales. Y, para concluir, ningún caballero se debe quitar la chaqueta mientras come o cena. Por último, algo que no debemos olvidar: las señoras podrán permanecer con sus sombreros o tocados durante todo el tiempo, en la mesa, en un concierto, en cualquier espacio, cerrado o al aire libre.

Leticia Pinilla Lóbez

 

Alumna del Grado de Publicidad y Relaciones Públicas de la Universidad San Jorge

 
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